Felicidad

La felicidad

Me pasaron este texto… y resume perfectamente en lo que estoy en este momento y mi concepción de la felicidad…  Me encanto!! espero que os gusté…

Siempre he querido ser feliz, y durante mucho tiempo he creído que alguna vez en el pasado fui feliz —fui feliz en mi infancia, fui feliz cuando estuve enamorado, cuando conseguí mi primer trabajo…— pero la felicidad parecía inalcanzable en el presente, siempre se me escapaba sin descubrir su secreto. La felicidad es de hecho tan huidiza para la gente que muchos ni siquiera se plantean ser felices, les basta con estar bien. Aumentar nuestro bienestar, nuestra calidad de vida, se ha convertido ahora mismo en uno de los principales motivos de la causa por la sostenibilidad. Y es un buen objetivo, pero a mi no me basta, yo quiero ser feliz, quiero ser feliz en todo momento, en todo lo que hago, ¿es tan difícil? ¿es tan descabellado querer ser feliz todo el tiempo?

Si ahondamos un poquito más y preguntamos a la gente en qué consiste, según ellos, estar bien, muchos responderán que se está bien cuando se tiene dinero, lo que permite comprar las cosas necesarias para vivir, cuando se tiene salud y se puede disfrutar de ella en libertad, y cuando se tiene alguien que nos cuide y nos de cariño y amor. Dinero, salud y amor son, según el dicho, las tres cosas más importantes que hay en la vida. ¿Lo son? Si así fuera, yo, que no tengo dinero —y el que tengo, lo estoy invirtiendo en construir una casa que nunca será mía—, que ando últimamente un tanto precario de salud, y que vivo sin un alguien que me cuide, debería ser la persona más infeliz del mundo. Y sin embargo, yo no siento estar mal, y mucho menos ser infeliz. Tampoco me ha parecido, cuando he viajado por alguno de esos países en los que no circula el dinero, que la gente sea infeliz por no tener casi nada.

Y es que para estar bien no se necesita tener dinero, ni una perfecta salud ni un alguien que nos cuide. Estamos bien cuando somos capaces de satisfacer nuestras necesidades a partir de los recursos disponibles. Las necesidades varían de una cultura a otra, e incluso dentro de una misma cultura son distintas en diferentes entornos sociales. Si, por influencia social, me planteo necesidades muy altas, que no puedo satisfacer con mis recursos, entonces tengo todos los puntos para pensar que estoy mal, y de rebote, para ser infeliz. Si, por el contrario, reduzco y simplifico mis necesidades hasta el punto de satisfacerlas fácilmente con los recursos a mi alrededor, entonces seguro que estoy bien. Podré ser más o menos feliz, pero estar, estaré bien.

Si las necesidades varían de una cultura a otra, de una forma de vida a otra, podemos preguntarnos cuáles son las necesidades básicas de una persona que quiere vivir sosteniblemente. Partiendo del hecho de que somos seres en relación, yo he dividido las necesidades humanas en tres esferas relacionales: necesidades ecológicas, sociales y espirituales. Las primeras las he llamado ecológicas porque tienen que ver con la relación que establecemos con nuestro entorno. Se pueden explicar considerando los cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Necesitamos aire para respirar, agua para beber, tierra para producir alimentos y fuego, o energía, para tener luz y calor. Estas son las necesidades básicas. Si no las satisfacemos, morimos. Hay una sola forma de satisfacer dichas necesidades sosteniblemente: los cuatro elementos deben estar limpios, el aire, el agua, el suelo y la energía deben ser limpios, por nuestro propio bien y por el bien del planeta en el que vivimos.

Las necesidades sociales tienen que ver con la relación que establecemos con otros seres humanos. Necesitamos relacionarnos con otros seres humanos, en parte para hacer más fácil la satisfacción de nuestras necesidades fisiológicas, en parte para desarrollar nuestra identidad personal y grupal, en parte para querer y sentirnos queridos, en la amistad, en la relación de pareja, en la familia, en la comunidad de la que somos parte. El rito, la celebración y la fiesta, entre otras actividades culturales, contribuyen a desarrollar esa necesidad de pertenencia e identidad colectiva y son, por tanto, algunos de los satisfactores más antiguos.

Por último, están las necesidades que nos ponen en relación con nosotros mismos, con nuestro ser profundo y con la totalidad. El deseo de conocernos, de explorar nuestros límites, de aumentar nuestra conciencia de las cosas, de expresar creativamente lo que llevamos dentro, de mostrar nuestra belleza interior, de sentir una vida plena, de transcender nuestra finitud y expandir nuestro ser hacia la totalidad de las cosas, de sentirnos uno con el universo…, todas ellas son necesidades espirituales.

Estas son a mi entender las necesidades básicas que debe cubrir una persona que quiere vivir sosteniblemente, y que le van a permitir estar bien. ¿Es por ello feliz? No necesariamente. Aunque alcanzar tal bienestar es un buen punto de partida, la felicidad corre el riesgo de escaparse de nuevo por entre los dedos de las manos. Si hago depender mi felicidad de poder satisfacer todas las necesidades anteriores, tal vez no llegue nunca a ser feliz, pues la vida nos coloca continuamente en situaciones imprevisibles.

Es necesario intentar otra aproximación a la felicidad que no la haga depender de nada externo a nosotros, que deje claro que la felicidad sólo puede surgir de nosotros, y que puede estar siempre ahí, aunque nosotros no nos demos cuenta e incluso estemos pasando por momentos difíciles. Desde hace un tiempo yo entiendo la felicidad como el simple hecho de vivir creativamente. ¿Que qué significa esto? Muy sencillo, en lugar de vivir dejándonos arrastrar por una rutina que no hemos elegido, apegados a una forma de vida que se nos da impuesta, temerosos de perder lo poco que tenemos, podemos plantear nuestra vida como un proceso creativo con el que tratamos de desarrollar una visión, dar forma a una idea que nos pasa por la cabeza y que hace surgir en nosotros el deseo de hacerla manifiesta, utilizando los recursos a nuestro alcance. Vivir creativamente significa vivir siguiendo nuestras visiones personales, sin pensar que es imposible simplemente porque otros dicen que lo es. Vivir creativamente significa utilizar todos nuestros recursos —lo que incluye asociarnos con otros para multiplicar tales recursos—, para crear belleza y armonía en nuestra vida. Vivir creativamente significa valorar el proceso de creación de nuestra forma de vida por sí mismo, como un proceso en el que aprendemos a conocernos y conocemos otras personas, a la vez que creamos belleza a nuestro alrededor. Vivir creativamente significa vivir el presente, pues todo lo que hacemos, en cada momento, es parte de esa visión que queremos desarrollar.

Una vez que tenemos claro que queremos vivir así y que de hecho vivimos así, la felicidad es una alegre compañera que nos sigue en nuestro proceso vital. Sabemos que está siempre ahí, que forma parte de nuestro proceso de descubrimiento y creación, aunque a veces no la veamos, aunque a veces se ausente por un tiempo, dejándonos desconcertados por un instante, entre la duda y el temor. Pero está ahí, yo lo sé, sé que soy feliz cuando estoy triste, enfadado o “depre”, de la misma manera que sé que soy feliz cuando estoy alegre, jubiloso o de buen humor. Desde que aprendí a hacer de mi vida una constante creación, la felicidad siempre ha estado conmigo, a veces sólo se presenta como un recuerdo, otras se queda conmigo unos instantes, unas horas incluso, otras como una ilusión por el futuro. Después se va de mi conciencia, pero eso no quiere decir que me haya abandonado. Simplemente se retira de mi presente por falta de espacio. La felicidad, como la vida, son ya por siempre mis compañeras.

Fuente: http://www.selba.org/UlisesEscritos/Felicidad.htm

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